martes, 28 de abril de 2009

Una eterna espera.

Hace años que no lo he vuelto a ver. He soñado con su regreso, pero no saco nada con eso, ya que ningún sueño lo traerá de vuelta a mi vida… una vida simple de estudios salidas y sueños por realizas.
De sueño en sueño él ha pasado y mi corazón más lo ha anhelado.

Aquella tarde de otoño salí a pasear por las calles de santiago. Visite los lugares que antiguamente visitábamos con mi amado para ver si en ellos podría revivir algún sentimiento que encantara y alegrara mi vida…
Al dar las seis de la tarde decidí recorrer el parque donde nos habíamos conocido. Las hojas de los árboles tenían un color muy especial y aquella brisa que recorría el parque anunciando una tarde fría, pero llena de emociones fascinante que harían que mis recuerdos volvieran a mi presente. Seguí caminando por el parque hasta llegar a una banca que estaba al lado del sector de juegos…en ella se encontraban unos niños jugando y riendo, aquellas risas me retornaron a mi pasado, mi bella infancia donde lo único que tenía en mente era jugar y jugar sin pensar en los problemas, tan solo preocuparme de que el día fuera solo de diversión y nada más que diversión… Cuando volví a la realidad, al presente que estaba viviendo me di cuenta que el hombre que estaba cuidando a esos pequeños niños se parecía a mi único y gran amor… Manuel. Seguí mirándolo por mucho rato…pero me fije que su mirada no era igual, esta tenía una mirada de cansancio, como si no tuviera más fuerzas para mantener sus ojos abiertos como si solo quisiera cerrarlos para no abrirlos por un buen tiempo más… Su edad se notaba mucho más, se veía que ya no era el joven de veinticinco años alegre y con una mirada soñadora, ya no lo era…ese chico había desaparecido…seguí mirando por unos minutos más y me di cuenta que era él… mi gran amor estaba a unos metros míos y aún no lo podía creer, me dispuse acercarme para confirmar lo que pensaba y estaba en lo correcto, él me reconoció al instante y ahí me di cuenta que mi amado había cambiado.
Charlamos por horas y me pidió disculpas por haber desaparecido de un día para otro, pero que era necesario ya que si se quedaba me haría mucho daño... me comentó también que después de algunos meses de su partida conoció a una mujer con la cual se iba a casar, pero a último minuto se dio cuenta que no la amaba, así que desde entonces sus relaciones solo duran dos meses y a veces menos para no comprometerse ya que él aún no podía olvidar a su único y gran amor. Yo no le hablaba mucho prefería escucharlo y observarlo para guardar muy bien su bella imagen… luego de un rato me dijo que debía irse ya que tenía que llevar a los niños a la casa antes que oscureciera… no quise preguntar de quien eran los niños por temor a su respuesta, pero él me lo dijo al instante como si supiera que quisiera saber quienes eran, me dijo que eran sus sobrinos que estaban por el fin de semana...cuando se disponía a irse le dije que nos volviéramos a ver el sábado siguiente ya que no quería volver a perderlo y accedió.

Ese sábado nos juntamos en un café muy cerca de la plaza de nuestro reencuentro…ese día hable mucho más que de costumbre, mis sentimientos estaban muy claros y estaba dispuesta a hacer lo que fuera para que no se alejara de mi vida de nuevo…charlamos por horas y horas y aún así el tiempo se me hacia muy corto… le confesé que aún lo amaba y que no me importaba que el no sintiera lo mismo, pero que le quería pedir un gran favor, el cual consistía que esa noche la pasara conmigo para así poder comenzar de nuevo y olvidar el pasado. Al principio me miro extrañado ya que en el pasado yo nunca le hubieses pedido algo así, pero como seguí insistiendo el accedió.
Esa noche fue inolvidable, parecía que nunca terminaría…nuestros cuerpos tibios en la cama rozándose bajo suaves sedas que escondían el amor que ambos teníamos guardado hace mucho tiempo. Ninguno de los dos podía creer que el otro estuviese mostrando y entregando todo ese amor hacia el otro.

Sonaron las dos en el reloj de la sala de mi casa y el me prometió nunca más dejarme sola…tocaron las 10 de la mañana en el reloj de la sala y él ya no estaba. Todas las promesas de esa noche se fueron cuando él atravesó la puerta de calle llevándose mi corazón, mi vida y mis recuerdos del hombre amoroso, preocupado y más sincero que había conocido y que deseaba tener a mi lado. Mi único y gran amor… Manuel, se marcho de mi cuarto sin decir “Te amo”…

Aún esperando tus palabras y tu regreso…

Escrito por:
Javiera Sánchez E.

No hay comentarios: