Todo vuelve a comenzar. Todas las noches llegas a mi casa con el único motivo de estar a mi lado aunque sea por unos minutos. Recordamos viejos tiempos de escuela cuando lo único que importaba era divertirse y estudiar; recordamos las travesuras que le hacíamos a la profesora de matemáticas, los consejos de curso que siempre terminaban en desorden planificando fiestas y más fiesta…, pero ahora todo eso cambió, ya no hay tiempo de diversión, solo nos queda preocuparnos de nuestros deberes en la casa y conservar el trabajo… ya no es lo mismo.
Tratamos de revivir viejos tiempos, pero siempre hay algo que lo impide. Tú me animas y dices que no me preocupe, que ya podremos revivir las juntas y ver a nuestros antiguos amigos, pero en el fondo sabes que no es posible, por más que intentemos en contactarnos ellos no responden.
Luego de unos minutos de conversación me dices que debes irte, pero que mañana volverás a verme.
Llega la noche y te espero ansiosa, pasan los minutos, las horas y aún no vienes -¿qué pasa? – Me pregunto constantemente-¿por qué no llegas?- cada vez me desconsuelo más y más. Temo que no vuelvas a pasar por mi puerta expresando alegría y gozo de estar de vuelta a mi lado.
Pasan los días y tú no has vuelto… te he llamado a todos lados, pero no hay respuesta; en los sueños escucho tus llantos desconsolados, me hablas, pero no entiendo lo que dices… trato de hablarte, pero no me escuchas, grito para ver si hay respuesta tuya, pero no pasa nada, solo escucho tus lamentos…
Pasan los meses y por fin te encuentro en un lugar muy extraño que nunca yo había conocido, estás vestido de negro, el color que más odias en el mundo; me acerco para hablarte y creo que me escuchas, ya que miras hacia mi lado, pero lo raro es que no te pone contento verme de nuevo. Comienzas hablar de cosas que para mi no tienen sentido y me pregunto - ¿por qué hablas en pasado? Si yo estoy aquí, ¿por qué no me hablas mirándome, y le hablas al vacío?...- no entiendo lo que ocurre. Antes de marcharte dejas en el césped unas rosas y dices que volverás cada tarde. Te preguntas - ¿por qué tuviste que dejarme? ¿Qué te costaba esperar a que yo llegara esa noche?- te despides con una lagrima cayendo por tu rostro y yo me quedo sola sin entender lo que estaba pasando. En seguida miro donde has dejado las rosas y me doy cuenta que es el mismo lugar donde yace mi cuerpo frió, sin vida, que esa noche que te esperaba deje caer para ser libre y descansar por siempre.
Escrito por:
Javiera Sánchez E.
No hay comentarios:
Publicar un comentario